Exposición “La ancestralidad también se construye en el presente” de Poleo Painemal en Galería Hifas

La ancestralidad también se construye en el presente. 

Ningún retrato es sólo imagen, porque ninguna imagen es ingenua. Toda imagen piensa, hiere, celebra o discute. El retrato es siempre un territorio donde se disputa la potencia de la representación.

A lo largo de aquello que conocemos como “historia”, retratar ha sido un modo para representar cuerpos y almas, vivos o muertos. Sin embargo desde el Renacimiento y profundizado en la Modernidad, el retrato fue también un dispositivo que produjo sujetos legibles dentro de los marcos normativos de quienes escribieron (y pintaron) la historia. Crecimos observando pinturas donde la familia heterosexual era el modelo universal, la masculinidad viril una virtud cívica, la feminidad sexualizada un destino, la clase social un mérito, la aristocracia un dominio y la blancura un signo de civilización.

En disenso a ése paisaje de visualidades hegemónicas, se inscribe la obra de Poleo Painemal, artista mapuche trans-travesti nacida en Wallmapu en 1998 y oriunda de las comunidades disidentes del Barrio Yungay, que comenzó a pintar murales a los trece años para registrar aquellas existencias que Chile prefería no mirar. En su trabajo, Painemal recuerda que el arte también ha sido un dispositivo de borramiento, una herramienta colonial. Y en esta exposición, lo hace desde el disenso encarnado en su propio cuerpo y en el de las personas indígenas y afrodescendientes trans, travestis y no binarias que retrata desde la urgencia, desde la memoria viva, y desde un compromiso afectivo con re-conocer a las comunidades ancestrales que sin permiso sabotean la pose histórica del retratado para inscribir su derecho a existir.

Dieciséis retratos que desobedecen a la blanquitud como imperio estético, político y afectivo. Porque la blanquitud no es sólo un color, es un régimen de poder que se disfraza de universalidad para organizar lo sensible y determinar qué vidas pueden ser vistas y cuáles deben permanecer fuera del marco. Frente a ello, estos rostros portan nombres, cuerpos, piel, cabellos, emociones, sexualidades, identidades y deseos. Y en sus existencias, miradas, colores, tonos y texturas vibra una memoria ancestral que grita que el cuerpo es territorio vivo que se resiste al despojo. 

Retratos marrones que desbordan lo homogéneo. Apariciones que no caben en la claridad exigida por la blanquitud artística ni en la categoría del exotismo que históricamente atrapó a los cuerpos racializados. Donde el arte blanco exige transparencia, Painemal opta por la opacidad. Donde el archivo colonial exige obediencia, su óleo aguado lo quiebra, lo repinta, lo desarma y  trans-forma. No obedecen la monumentalidad ni al exitismo del ícono, irrumpen y desplazan los límites desde una galería utópica que se dispone a la comunidad. Son retratos que atraviesan el tiempo, un pliegue donde la ancestralidad emerge como fuerza insumisa.

Ernes Orellana G. Trabajador del arte escénico, y vecino marica del Barrio Yungay

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