
“Cementerios de Chile, Un recorrido visual” de Marcos Saavedra- Abril 2024- Café Brunet
Cementerios de Chile: fotografía, memoria y patrimonio funerario
La exposición Cementerios de Chile, un recorrido visual, del fotógrafo, documentalista y Licenciado en Artes Marcos Saavedra, propone una aproximación al patrimonio funerario chileno a través de la fotografía. Estrenada en la Biblioteca de Santiago en 2019, la muestra reúne imágenes realizadas en tres territorios geográfica y culturalmente distantes: el cementerio de La Noria, en la Región de Tarapacá; el cementerio de Tahai, en Rapa Nui; y la Isla de los Muertos, cercana a Caleta Tortel, en la Región de Aysén.
Con más de quince años de trayectoria, Saavedra ha desarrollado una obra situada entre la fotografía documental, el patrimonio cultural y la construcción de imaginarios simbólicos. Desde su estudio en el Taller Ojo de Pez, ubicado en el Barrio Yungay, explora las relaciones entre memoria, territorio, muerte y representación. Paralelamente, parte de su producción autoral se aproxima a la literatura, la mitología y el cine de terror mediante escenas de iluminación dramática y una estética oscura y teatral.
Su trabajo invita a observar aquello que suele permanecer fuera de la mirada cotidiana. Cada fotografía funciona como un espacio de interpretación en el que conviven elementos históricos, simbólicos y emocionales. Más que registrar una realidad de manera neutral, sus imágenes construyen relatos visuales que interrogan al espectador y buscan permanecer en su memoria.
Entre sus principales proyectos se encuentra el libro Instituto de Anatomía, un recorrido visual de la Universidad de Chile, publicado en 2019, del cual fue coautor y fotógrafo. En 2023 presentó la exposición Si ellos conmigo, ¿quién contra mí? en el Santiago Horror Film Fest. Durante 2024 exhibió Sanctus Ominous en el Centro Cultural Gabriela Mistral y posteriormente en la Biblioteca de Santiago, profundizando una línea visual centrada en figuras femeninas de poder, arquetipos místicos y reinterpretaciones contemporáneas de la iconografía religiosa.
Una investigación sobre fotografía y patrimonio
Cementerios de Chile, un recorrido visual constituye también el antecedente fundamental de la investigación desarrollada por Marcos Saavedra para obtener el grado de Licenciado en Artes. Su tesis estudia la fotografía como una herramienta capaz de visibilizar y revalorizar el patrimonio cultural presente en los cementerios chilenos.
La investigación plantea que los cementerios no son únicamente lugares destinados a la sepultura ni espacios asociados exclusivamente con la pérdida. Son también archivos materiales de la memoria colectiva, territorios donde permanecen inscritas las creencias, prácticas funerarias, diferencias sociales, formas de habitar y experiencias históricas de una comunidad. Sus tumbas, cruces, epitafios, esculturas y ornamentaciones permiten reconocer modos de vida que muchas veces no han quedado representados en los relatos históricos oficiales.
Desde esta perspectiva, la fotografía actúa como una forma de mediación cultural. Al registrar y contextualizar estos espacios, permite detenerse en elementos que habitualmente pasan inadvertidos y promueve una transformación de la mirada: el cementerio deja de ser entendido solamente como un lugar de muerte para ser reconocido como un espacio de memoria, historia e identidad.
Tres territorios, tres formas de recordar
La exposición reúne tres camposantos que se alejan del modelo de cementerio urbano contemporáneo. Sus imágenes revelan cómo la geografía, el clima, la cultura y los procesos históricos intervienen tanto en las prácticas funerarias como en las formas materiales adoptadas por la memoria.
En medio del desierto de Tarapacá se encuentra el cementerio de La Noria, asociado a la antigua oficina salitrera del mismo nombre. Sus tumbas y cruces permanecen expuestas a las condiciones extremas del territorio y al progresivo abandono de las instalaciones industriales. Las fotografías registran la fragilidad de sus materiales, pero también la persistencia de las huellas dejadas por quienes participaron en la historia social y laboral del ciclo salitrero.
En Rapa Nui, el cementerio de Tahai establece una relación directa con el paisaje, el océano y las expresiones culturales de la isla. Las flores, los túmulos de piedra volcánica, las cruces y los elementos ornamentales conforman un espacio de gran riqueza visual. En él dialogan distintas tradiciones religiosas y funerarias, demostrando que la memoria de los muertos también puede expresarse mediante el color, la naturaleza y la continuidad de los vínculos comunitarios.
La Isla de los Muertos, ubicada en la desembocadura del río Baker, conserva las cruces de madera asociadas a la tragedia obrera ocurrida en 1906. Rodeadas por la humedad, los helechos, el musgo y los líquenes, estas estructuras forman parte de un paisaje donde la naturaleza transforma lentamente las huellas de la presencia humana. Más allá de las distintas versiones existentes sobre las causas y el número exacto de fallecidos, el lugar permanece como testimonio de las difíciles condiciones enfrentadas por los trabajadores durante los primeros procesos de colonización y explotación económica de la zona.
Fotografiar para preservar la memoria
A través de esta exposición, Marcos Saavedra propone comprender el patrimonio no solo como aquello que ha recibido una protección institucional, sino también como el conjunto de memorias, prácticas y vestigios que una sociedad considera significativos. Desde esta mirada, los cementerios poseen un valor patrimonial esencial: resguardan historias familiares y comunitarias, revelan transformaciones culturales y conservan la presencia de personas que también participaron en la construcción del país, aunque sus nombres no aparezcan en los grandes relatos históricos.
Cementerios de Chile, un recorrido visual es, por lo tanto, una invitación a mirar estos espacios desde una perspectiva distinta. La exposición utiliza la fotografía para reconocer, interpretar y poner en valor un patrimonio frecuentemente olvidado. Al hacerlo, transforma el acto fotográfico en una práctica de memoria y en una herramienta para preservar visualmente aquello que el tiempo, el abandono y la fragilidad de los materiales amenazan con hacer desaparecer.




